Un Gobierno enfermizamente ideológico como el argentino fracasa cuando se hace evidente que su ideología está basada en falsedades. Esto sucede cuando se ensancha la distancia entre lo que se afirma desde el poder y lo que demuestra la experiencia viva de las personas que padecen sus políticas. El destino final es la pérdida de legitimidad; mientras tanto, en el proceso, quedan los escombros sociales.
Últimamente se han expuesto evidencias de la distancia entre la autoproclamada superioridad moral de las “personas de bien” que integran el Gobierno y sus conductas corruptas. También crecen las evidencias de las distancias entre las promesas de sus políticas desenfrenadas y los rendimientos sociales y económicos: inflación sostenida, distorsión de precios relativos, estancamiento, desempleo creciente, caída de ingresos de la población trabajadora, recorte de beneficios y prestaciones de servicios esenciales, distribución cada vez más regresiva del ingreso y la riqueza, aumento de la deuda pública y privada, etc.
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